66 horas, si es que conté bien, y me voy de acá. Año Nuevo del 2011 que más había esperado, pero conste que nunca pedí que termine. Hoy, 31. Es absurdo, inútil y pelotudo escribirlo, pero a falta de una buena batería para descargarme, es una opción justificada.
Cada vez que surge una charla sobre éste tema, tengo un dolor de panza que nadie podría sentir. Tengo la adrenalina por las nubes, tengo una mezcla de todo, de recuerdos, de cosas que me quedaron pendientes porque hasta las imaginé, y que alguna vez me hubiese encantado hacerlas, pero hoy ya no hay tiempo, lamentablemente. No hay mucho que decir, o “escribir” para que no se quejen, pero en realidad sé muy bien que tengo millones de cosas que contar y agradecer.
Gracias a todas las personas que se cruzaron por mi vida en este año que fue uno de los mejores, sin duda. Gracias a todo el grupo de gente hermosa con la que estuve todas mis perras mañanas, las que tanto voy a extrañar. Gracias a mis viejos y a mis hermanos por tener tantas bolas para aguantarme y tenerme paciencia, y mimarme, y hacerme tan vaga como soy ahora. Gracias a todos mis grandes y únicos amigos por lo mismo de todos los años: estar, simplemente estar, porque eso engloba todo. Y no sé si será mucho agradecerle también al único boludo de toda mi vida que me movió el piso los últimos meses. Por ésto y mucho más, me molesta tener que irme pero de última que se vaya por mí, jajaja. No, eso fue mi inconsciente (cómo lo quiero al puto).
Sé que me espera otra vida, tal vez el cambio más enorme de todos, pero sé que lo que más quiero es recibirme.
Gracias gente, gracias a todos y perdón por tantas que me habré mandado (¿con qué necesidad decir “gracias” y “perdón”? Shit, lo amo).
dic31