Monthly Archives: octubre 2008

Tachón a Halloween

Tachón a Halloween

Detesto la costumbre de mi país de festejar Halloween. Más que del país, de esta provincia. Sé que yo también lo hacía, y que por ahí, por diversión, muchos lo hicimos. Pero no, ahora que pienso, no me agrada para nada. Porque festejamos Halloween que no tiene nada que ver con nosotros. Y cuando aparecen las costumbres nativas, nuestras costumbres, ni bola. Es así. No sé cual es la meta, no sé cual es el fin. Pedir dulces, vestirse de bruja, de diablo, o de cualquier tipo de monstruo.
Y ahora que empiezo a buscar un poco de todo esto en Google, entiendo más. De todas maneras, es malísimo. Es una costumbre que tienen los chicos de disfrazarse en la noche del 31 del Octubre, y de salir a tocar las puertas de los vecinos de casa en casa. ¿Cuál es el fin? Recibir dulces, plata o algo de recompensa. ¿Pero recompensa de qué? De vestirse como lelos para que todos los vean, como si los dueños de casa les deberían una recompensa. Si no les ofrecen algo de eso, suelen hacer bromas (por eso es que dicen ”dulce o truco”), como tirar huevos en la puerta de las casas que no tenían un mango. Pensándolo bien, que te vengan a destrozar la casa un grupo de mocosos, cuando ni siquiera es por una costumbre propia, debe ser lo más embolante que te puede pasar. Hoy, sin nada para acotar. Basura de costumbre estadounidense.

No es tan fácil

No es tan fácil

Sí. Puse ”No es tan fácil” porque considero que no es tan sencillo remar con éste todos los días en el colegio. Seguro te esperabas que te alabe, pero no, no va a ser tan así. No sé que haría si dejo de verte en el colegio. ¿Sabés como se notaría que no estás? Vos no te dás una idea. Creo que no hay día que no me jodás, y que me dejés hacer lo que tengo que hacer, o lo que quiero hacer (dormir), en paz. Pero no, es imposible con vos. Y sabés que estoy con tu mamá en que sos un insoportable, además que sos un mimado que le dan con todos los gustos. Pero no, yo te amo. Y mirá que te conozco de hace unos 3 añitos casi. Ahora me tengo que ir a estudiar, y mañana, colegio. Verte de nuevo, otra vez. ¡Ouch! Te amo.
Agustina Lucardi

Yala

Yala


Una rutina diferente parece que era lo que necesitábamos. Y así fue. Aprovechar el lunes y el martes para hacer de las nuestras, mientras que todo en el colegio, era previas y más previas. Domingo después del almuerzo, Yala. Llegar y ver la pileta negra, completamente negra, me desilusionó un poco. Pero no, tampoco así. Un árbol de moras cada 3 metros. Caminar, viendo todo verde. Buscar otra casa con pileta, aunque la temperatura no era tan adecuada para hacerlo, era lo que yo quería. El agua no estaba fría, era una pista de patinaje directamente. Igual, ya fue. Labios desagradablemente negros de tanta mora, que después iban a aflojar mis intestinos y… No, realmente alejarse un par de quilómetros de la ciudad, fue espectacular. Los días un poco fríos, pero de todas maneras, muy lindo igual. Jugar al fútbol, perder en el fútbol, pero cagarte de risa. Caídas, empujones, goles muy truchos, y callos en mis pies. Verdaderamente, incomparable. Películas de terror, TEG, tereré, pizas de Tío Bigote o La Pizada (pero caseras). Y yo pido que se repita. A Yala, a donde sea. Pero que se repita, eso sí. No hace falta que diga que estuvieron mis amigas. Hicieron de ese día, una alegría enorme para mí, a pesar de que ahora me duele todo el cuerpo. Sé que algunas faltaron, y reconozco que hubiera sido mejor todavía, pero por ahí las cosas cambian de un segundo para el otro, y todos los planes se van a la ilusión. Espero que la próxima sea mejor todavía. Es lo que quiero, y lo que espero. Las amo a todas, y no quiero ser la típica que pone ”las amo” por decirlo, ni por quedar bien. Lo digo porque lo siento. Y aunque a veces no sea tan expresiva, es así.

Feliz cumpleaños

Feliz cumpleaños

Sé que te conozco poco y casi nada. Viniste un par de días acá, y ni tiempo para conocerte tuve. Pero ahora que ya chateamos bastantes veces, me dí cuenta que sos una masa de mina. Te quedás hasta no sé que hora en la máquina, y eso me copa mal. Me hablás del rubio, de Gordo, y de la Estudiantina. Te hablo de mi perro que se cagó muriendo. Me contás que el ateísmo no existe, la filosofía y no sé que cosas más. Sos una máquina. Dijiste que para el año, vamos a comprar moras y ositos (que son los que te gustan a vos) de Frutigelatín para comer en el Encuentro. El Encuentro, más les vale a los viejos esos que no nos metan algún verso, y nos manden de verdad para allá. Un beso grande para vos, y te deseo lo mejor en este día, que estás haciéndote un año más grande, y nada, te quiero mucho.
Ah, es notoria tu ausencia en el Msn, ya no te encuentro tanto. Mmm…
Saludos misionera.
Agustina Lucardi

Saber decir

Saber decir


La cuestión no es juzgar al que tengo (en este momento) lejos. La cuestión es juzgarlo cuando lo tengo al lado. No es una manera de despreciar a una persona, es sólo hacerle reconocer algunos defectos de los que, sin duda, nadie se salva. Es verse a sí mismo, mediante la opinión de los demás. Es tratar de cambiar ante algunas situaciones o circunstancias en la que algo falla de nosotros. Pero lo más importante de quien juzga, es hacerlo de frente, con los ”huevos bien puestos”. Sí, así es la cosa.

Feliz cumpleaños

Feliz cumpleaños

No tengo nada más que decirte, además de recordarte que sos muy importante para mí, y que todos estos años que viví con vos aprendí a quererte muchísimo más de lo que vos pensás. Porque te lo merecés, y porque me tratás de diez. Porque siempre estuviste, y no vamos a dejar de ser grandes amigos como lo somos desde pequeñines. Por eso, era hora de que te haga un cartel, asi que ahora, no podés decir nada. Te deseo lo mejor, que la pasés genial este día, y nada, toda la suerte del mundo para vos. Te quiero un montón Euge. Nos estamos viendo. Un millón de besos.
Agustina Lucardi

Feliz cumpleaños

Feliz cumpleaños

Aunque ya te hagás un cacho viejito, aunque no estés acá, aunque no hablamos mucho, feliz cumpleaños (aunque no veas esto). 20 años. Chuuu. Espero verte en las vacaciones, y ojalá te vaya bien así podés estar más tranqui. Te quiero muchísimo y hasta podría decir que te amo, a pesar de que sos un rompebolas que jode todo el día cada vez que venís. Y sí, por acá se te extraña mucho. Un beso hermano. Que la pasés hermoso y disfrutála. Te amo.
Agustina Lucardi

Trancando cañerías

Trancando cañerías

Y nos fuimos una tarde de verano (si es que me acuerdo bien) al Parque San Martín. La casa de mi amiga quedaba a pocas cuadras, así que íbamos a jugar un rato, los tres, siempre los tres. Eliana, Tomás y yo. Era un sábado si no me equivoco. Pasa que habíamos salido juntos desde la casa de mi amiga, con unas cuantas mandarinas en mano para ir comiendo en el camino (cruzás la esquina, y llegaste). Y los tres embarrados, como los típicos pequeños que no saben ni comer un caramelo sin ensuciarse. Así, tal cual. Y llegando ya, al sector donde estaban las bicis para alquilar (las mandarinas casi terminadas), un toco de moscas asquerosas nos empieza a seguir. Se supone que era producto del olor a cítrico que portábamos. Al menos eso es lo que yo creo. Bueno, la cosa es que gritábamos para que no nos persiguieran, obviamente, sin conseguirlo. Y yo, como siempre (actualmente no, sino que antes), con una ”cola de caballo”, en cambio Eliana, con todas sus mechas al viento, todavía que era una enana y las tenía hasta el denominado ”culo”. Que otra cosa mejor podían hacer las abejas, moscas, no sé, que estorbarnos el ”mate”. Si, nada mejor que eso. Y ella, que estaba con el pelo libre, lloraba como una gila, pidiéndonos ayuda. ”Pero si no tenés nada, las moscas ya se fueron” (nos daba asco sacárselas del enredo tremendo de pelos que tenía. ”Vamos a la montaña rusa del parque de diversiones, ya vas a ver como vas a terminar sin nada de moscas”. La bien boluda, se creía todos nuestros versos. Y suben ellos dos a la montaña. Yo abajo cagándome de risa de ver sus mechas que volaban. Pero no, no había caso, seguía llorando. Y lo único que decía era ”ahora me voy a mi casa, me meto en el baño, y me lavo 17 veces la cabeza”. Y bueno. Nada. La cuestión es que ese fue uno de los más lindos días vividos en la infancia, que a pesar de no haberla pasado tan bien, ahora nos acordamos los tres (que seguimos siendo grandes amigos), y nos reímos un rato. Después de todo eso no me acuerdo que hiso cada uno, si nos fuimos a nuestras casas o qué. Pero lo que sí me acuerdo, es que Eliana me llamó, asegurándome haberse lavado el ”mate” un montón de veces, y diciéndome que ya estaba liberada. Sí, una bañera trancada de moscas
. Así es.